martes, 5 de febrero de 2013

Darwin en TaguaTagua

Diario de un naturalista alrededor del Mundo.
13 de septiembre
Las curiosas islas flotantes del lago Tagua-Tagua.
Abandonamos los baños de Cauquenes y volvemos a la carretera. Llegamos al río Claro, allí hicimos la noche. Desde allí me dirijo a la ciudad de San Fernado. Antes de llegar a ella la última hoya interior forma una inmensa llanura que se extiende tan lejos hacia el Sur, que los picos nivosos de los Andes, que la limitan en esa dirección, parecen absolutamente surgir del mar. San Fernando se halla situado a 40 leguas de Santiago; es el punto sur extremo de mi viaje, porque, al dejar tal ciudad, nos dirigimos hacia la costa. Pasamos la noche en las minas de oro de Yaquil, explotadas por mister Nixon, un americano que me hace muy agradables los cuatro días que paso con él. Al siguiente día por la mañana vamos a visitar las minas, situadas a una distancia de algunas leguas, cerca de la cumbre de una alta colina. Durante el camino vemos el lago de Tagua-Tagua, célebre por sus islas flotantes descriptas por Gay (Annales des sciences naturelles, marzo de 1833.) Estas islas se componen de tallos de plantas muertas enmarañados unos con otros, y en su superficie crecen otras plantas. Ordinariamente circulares, esas islas alcanzan un espesor de cuatro a seis pies, del que la mayor parte queda sumegido. Según el lado de donde sopla el viento, pasan de un lugar a otro del lago, transportando consigo a menudo caballos y vacunos a guisa de pasajeros.

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