El asunto principal es la lectura y resumen de La crónica de la provincia de Colchagua de don Joaquín Santa Cruz, quién fuera por varios años el conservador de bienes raíces de San Fernando
y tuviera a su cargo el archivo de los escribanos de Colchagua. Estos personajes nos han brindado valiosa información sobre la evolución de los propietarios y sus familias en varias publicaciones y de diversas ciudades, en este caso sobre la antigua Colchagua, en el contexto de la Conquista.
La llegada de P. de Valdivia al valle del Mapocho se produce a fines de 1540, Ahí definió fundar la ciudad de Santiago, a inicios del 41, luego se dedicó a explorar el territorio adyacente. Diferentes destacamentos se dirigieron a Melipilla y su costa y otros al sur del Maipo, a las tierras de los "promaucaes", dada la resistencia de estos últimos, se resolvió instalar un fuerte en el territorio del dominio de Cachapoal. La partida de soldados, aproximadamente 20, quedó a cargo de Pedro o Pero Gómez de don Benito, uno de los soldados, Diego García de Cáceres, cuenta que pasaron en esa guarnición seis meses de continua vigilancia.
Una sublevación de aborígenes en Concón, donde construían una nave para facilitar el contacto con Perú, obligó a Valdivia a retirar la guarnición del fuerte en las tierras de Cachapoal e ir a tomar represalias al valle de Aconcagua. Luego de muchos combates y la amenaza de sublevación de los "promaucaes", vuelve a las tierras de Cachapoal con un contingente mayor y desata varias batallas.
Mientras, los aborígenes del Mapocho y Aconcagua se reagrupan y asaltan la ciudad de Santiago. Incendian y destruyen gran parte de la población. Retroceden tan solo trás la decapitación de algunos de los Lonkos prisioneros despues de lo de Concón.
Destruida la ciudad en septiembre del 41, antes de un año de su origen, los españoles levantan una tapia de adobes, encuadrando unas pocas manzanas y se concentran a vivir sitiados. Solo salían en cortas incursiones para procurarse algo de alimento y repeler las constantes provocaciones de los guerreros aborígenes.
Para poder mantener el interés y la quietud de sus soldados, Valdivia se vió obligado a hacer reparto de Encomiendas de naturales a 62 de sus hombres, esto ocurre en julio del 42, todavía los conquistadores viven recluidos en un escaso perímetro, sin alimentos, sin auxilios ni contacto con el Perú y los aborígenes comarcanos en pié de guerra.
Valdivia envía un par de emisarios por tierra al Perú, los que tras muchas dificultades y tiempo logran su cometido, primero enviando una nave, la de García Villalón, con pertrechos y luego éstos mismos más soldados, lo que permite reacondicionar sus fuerzas a los conquistadores y retomar, la ofensiva.
Entre los elementos de refuerzos que trae Monroy, uno de los reclutados, Juan de Cárdenas, conocedor de la legislación española, quien inició la tarea de ordenar administrativamente la incipiente colonia y darle el correspondiente estatus jurídico a las medidas adoptadas por Valdivia, a su propia autoridad, la función del Cabildo, regularizar las cesiones de Encomienda y muchas otras cosas llevadas a cabo solo por la dinámica de la guerra de conquista. Había que sentar un estado de derecho.
Con respecto a las Encomiendas, el mismo Valdivia expone en carta al rey y emperador, que repartió indios y caciques que conocían mal y solo de oídas, ni siquiera habían sido vistos y sus encomenderos debían ubicarlos, reducirlos y ponerlos a su propio servicio.
Repuestos, con el propio Valdivia a la cabeza, se retomó el camino hacia los "promaucaes", iniciando los combates desde la Angostura, luego el territorio de Cachapoal y más tarde el de los Taguataguas. Los últimos comprendían el territorio de lo que es hoy; Pelequén, Malloa, San Vicente, Apalta, Tunca y tierras adyacentes. En esta area los Taguataguas tenían una fortaleza, cerca de un poblado llamado Palta o Apalta, tierras de Tipanande, compuesto de aguamontes y pantanales.
Valdivia logró salir victorioso con sus 80 hombres "y se puso gran quietud a toda la tierra", muchos guerreros aborígenes, se retiraron más al sur y continuaron resitiendo la invasión hispana junto a los guerreros de más al sur.
Los asientos humanos que los españoles encontraron en las tierras Colchaguinas son:Copequén,
Peumo, Pichidegua, Rapel, Malloa, Nancagua, Colchagua, Ligueimo, Rauco, Gualemo, Teno, Mataquito, Lora y Vichuquén.
Santa Cruz, ubica el pueblo de Copequén donde está hoy el Olivar, comprendía desde el río Cachapoal, hasta el río Claro y fue encomendado a Pedro de Miranda, compañero de Monroy en la búsqueda de socorros al Perú, un gran premio a un valeroso hombre por los relevantes servicios prestados. Esta era una de las fórmulas de pago a los conquistadores, luego las mercedes de tierras, el rey no ponía ni un centavo.
Otras de las encomiendas otorgadoas en el area, fueron:Taga tagua, cedida a Juan Bautista Pastene. Pichidegua, cedida a los primos Juan y Jerónimo de Alderete y posteriormente a la viuda de éste último. Malloa, cedida a Francisco de Riveros y heredada por su hijo mayor, Alonso de Riveros y Figueroa. Peumo, cedida a doña Inés de Suárez. Cachapoal, cedida a Francisco de Aguirre.
En el vasto llano que existe entre Reguelemu y la angostura de Malloa, hacia Tinguiririca, no existía pueblo alguno indígena y era casi un desierto, atravesado por los caminos que iban al sur de Chile y a Nancagua.
Las encomiendas de Copequén y Malloa se encuentran en "los límites" de Quinta. Como las encomiendas no son territoriales, sino sobre los aborígenes, es dificil precisar a quién debían
sujeción los pobladores de "Quinta" y si los había en ese lugar. En teoría no se podría otorgar cesiones de tierras en poblados de "indios" y si la cesión hecha por el Cabildo de Santiago a Juan Gómez de Almagro en Cailloa, 1552, corresponde a las tierras de la Quinta de Cailloma, significa que de haberlos, éstos fueron removidos y Gómez pudo establecer su "estancia de Cailloa, todas las sementeras de trigo, cebada, maiz e lino, fricoles y papas e otras cualquiera que yo tenga sembradas en las dichas chácaras y estancias e pueblos de mis indios". Así se lee en el canje de Gómez con de Orense.
Hasta entonces, el territorio depende de la jurisdicción de la ciudad de Santiago. El 30 de mayo de 1593, se creó el Corregimiento de Colchagua y su primer Corregidor fue, don Alvaro de Villagra.
Santa Cruz, señala, "hasta el año 1600 no existían más propiedades particulares que las siguientes:
1:La de Cailloa, osea la que había sido de Juan Gómez.
2:La de Pedro de Miranda, "legua y media de tierras en sus pueblos, junto al río de Cachapoal
(orilla sur) desde un cerro (Copequén) para la cordillera".
3:Juan Jofré pidió en 1553 "tierras que son, en el valle que hace en medio que corre hacia los
Taguatagua". Parece referirse al valle de Malloa o sus cercanías.
4:El hijo de Jofré, llamado Luis, pidió tierras también en 1575, cerca de Coinco.
5:Don Melchor Jufré del Aguila pidió y obtuvo en 1575, una extensión de tierras a orillas del
Tinguiririca y vecina al estero de Pedegua.
"Ya hemos relatado las primeras conseciones que a uno y otro lado del Cachapoal hizo Valdivia al jóven alférez Pedro de Miranda, de ahí que Copequén, El Olivar y parte de Requinoa y Apalta quedaron en la familia de aquel".
Miranda se casó con doña Eperanza de Rueda, sobrina de la esposa del Gobernador Jerónimo de Alderete. Al fin los Miranda heredaron a éste y su esposa y dieron lugar por medio de uniones matrimoniales, al establecimiento de dos de las grandes casas tronales de Colchagua; la de los Guzmán Coronado y la de los Ramírez y Sierra.
La nieta de Pedro Miranda, doña Luisa de Miranda y Jofré, casó en segundas nupcias con el capitán, alcalde y corregidor don Luis de Guzmán Coronado, quien poseía importantes propiedades en Colchagua. Doña Luisa se casó por tercera vez con don Agustín Ramírez y Sierra.
Por parte de los Guzmán Coronado heredaron Gultro, Apalta, Requinoa, Rosario y Popeta hasta el río Claro.
Los Ramírez heredaron Tilcoco, Coinco, La Estacada y otras vecinas.
jueves, 22 de noviembre de 2012
El dueño de Cailloa.
jueves, 14 de enero de 2010
Catorce de la fama.
El capitán Juan Gómez de Almagro se dispone a marchar a Tucapel y reunirse con el Gobernador el 25, según le ha ordenado.
Un espía mapuche se deja apresar mientras merodea el fuerte de Purén. Es interrogado y mediante tormento declara que se reune una gran fuerza de guerreros. 17 levos comarcanos se aprestan para atacar y destruir el fuerte.
El capitán Gómez posterga la marcha y decide quedarse a defender Purén del multitudinario ataque programado. Los defensores, concentrados en el interior, esperan.
El ataque, nunca ocurrió. La mañana del 25, día de la cita con Valdivia, Gómez sale a inspeccionar el campo. No hay señales, nada indica la presencia de los supuestos guerreros. ¡Ha sido engañado!. El propósito, fijarlo en Purén e impedir que apoye a Valdivia, quien se bate dramáticamente en la meseta de Tucapel.
Apresurádamente, instruye al resto de la guarnición a cargo de Purén y junto a trece soldados, a marcha forzada, se interna en Nahuelbuta en demanda del Gobernador.
En las proximidades de Ilicura se hacen visibles algunos piquetes de guerreros mapuche que los conminan a rendirse. Han muerto a Valdivia y a todos los españoles que les acompañaban. Algunos de los guerreros exiben como trofeos diversos implementos del bagaje de los vencidos; armas, ropas y hasta las hojas de papel de documentos de escribanías, lucen un aspecto abigarrado con sus nuevos accesorios.
Continúan. los 14 jinetes, se abren paso a través del camino, siempre hostilizados, hasta llegar al pie de las ruinas de Tucapel.
Se apean de sus caballos para descansar y al instante siguiente vuelven a montar y se ordenan para defenderse de un nutrido escuadrón de guerreros mapuche que avanza inexorable a ultimar a su enemigo.
Varias horas de combate fiero. Solo, el amparo de la noche permite a la partida española, huir. Dejan a los aborígenes auxiliares, abandonados a su entera suerte.
La escapada de los catorce sangra los senderos de Nahuelbuta y planta la vida de Manrique, Escalona, Niño, Maldonado, García, de Neira, Cortés. Ellos, rinden sus sueños ante la bravura mapuche.
Juan Gómez y otros seis, logran reunirse en el Valle de Ilicura. El caballo del capitán, malherido, cae, y este exorta a salvarse, que continúen sin él. Solo, se interna en lo más tupido de la selva.
Los soldados y pobladores del fuerte de Purén, tras la llegada y relación de los maltrechos restos de los catorce, deciden abandonar el fuerte y dirigirse a la Imperial.
A rato de caminar, los alcanza un yanacona que dice haber encontrado en las cercanías del fuerte abandonado a un español, oculto y malherido.
Un pequeño destacamento, vuelve grupas para ir en auxilio de un irreconocible capitán Juan Gómez de Almagro, capitán de los catorce de la fama, encomendero de Topocalma. En esta traza de hombres está arraigado el tronco del mestizaje que crece generoso por los campos de Topocalma, Hidango, Pucalán...
Un espía mapuche se deja apresar mientras merodea el fuerte de Purén. Es interrogado y mediante tormento declara que se reune una gran fuerza de guerreros. 17 levos comarcanos se aprestan para atacar y destruir el fuerte.
El capitán Gómez posterga la marcha y decide quedarse a defender Purén del multitudinario ataque programado. Los defensores, concentrados en el interior, esperan.
El ataque, nunca ocurrió. La mañana del 25, día de la cita con Valdivia, Gómez sale a inspeccionar el campo. No hay señales, nada indica la presencia de los supuestos guerreros. ¡Ha sido engañado!. El propósito, fijarlo en Purén e impedir que apoye a Valdivia, quien se bate dramáticamente en la meseta de Tucapel.
Apresurádamente, instruye al resto de la guarnición a cargo de Purén y junto a trece soldados, a marcha forzada, se interna en Nahuelbuta en demanda del Gobernador.
En las proximidades de Ilicura se hacen visibles algunos piquetes de guerreros mapuche que los conminan a rendirse. Han muerto a Valdivia y a todos los españoles que les acompañaban. Algunos de los guerreros exiben como trofeos diversos implementos del bagaje de los vencidos; armas, ropas y hasta las hojas de papel de documentos de escribanías, lucen un aspecto abigarrado con sus nuevos accesorios.
Continúan. los 14 jinetes, se abren paso a través del camino, siempre hostilizados, hasta llegar al pie de las ruinas de Tucapel.
Se apean de sus caballos para descansar y al instante siguiente vuelven a montar y se ordenan para defenderse de un nutrido escuadrón de guerreros mapuche que avanza inexorable a ultimar a su enemigo.
Varias horas de combate fiero. Solo, el amparo de la noche permite a la partida española, huir. Dejan a los aborígenes auxiliares, abandonados a su entera suerte.
La escapada de los catorce sangra los senderos de Nahuelbuta y planta la vida de Manrique, Escalona, Niño, Maldonado, García, de Neira, Cortés. Ellos, rinden sus sueños ante la bravura mapuche.
Juan Gómez y otros seis, logran reunirse en el Valle de Ilicura. El caballo del capitán, malherido, cae, y este exorta a salvarse, que continúen sin él. Solo, se interna en lo más tupido de la selva.
Los soldados y pobladores del fuerte de Purén, tras la llegada y relación de los maltrechos restos de los catorce, deciden abandonar el fuerte y dirigirse a la Imperial.
A rato de caminar, los alcanza un yanacona que dice haber encontrado en las cercanías del fuerte abandonado a un español, oculto y malherido.
Un pequeño destacamento, vuelve grupas para ir en auxilio de un irreconocible capitán Juan Gómez de Almagro, capitán de los catorce de la fama, encomendero de Topocalma. En esta traza de hombres está arraigado el tronco del mestizaje que crece generoso por los campos de Topocalma, Hidango, Pucalán...
El solar de J.G. de Almagro
sábado, 3 de noviembre de 2012
La Calle del Alguacil Mayor
Ya sabemos que la hueste del conquistador, Pedro de Valdivia se dio como jefe de policía a Juan Gómez de Almagro, el Alguacil Mayor y por su importancia, recibió un solar próximo a la cuadrícula 0, la Plaza de Armas, la calle trazada por el alarife Gamboa, se denominó, La Calle del Alguacil Mayor, así la ve Hermelo Arabena en Romances de calles viejas. Edit. Nascimento, 1975.
lunes, 19 de noviembre de 2012
Claudio Gay 1831
En el otoño de 1831 el naturalista francés Claudio Gay realiza un "Viaje Científico", desde el nacimiento del río Cachapoal hasta su confluencia con el río Tinguiririca para convertirse en el río Rapel, siguió su curso hasta su desembocadura en el mar, prosigue su periplo por la costa, hasta la desembocadura del río Nilague, en Cáhuil. Detalles de sus observaciones se encuentran en el Archivo Nacional y transcritos en mi libro, "Pichilemu mis fuentes de información", y su dibujo del área estudiada.
Porque?, Cailloa.
Había oro, tierras fértiles regadas por el Cachapoal y el Tinguiririca, acequias, equidistante de la ciudad de Santiago y de Topocalma y lo más importante, poblados aborígenes, mano de obra, sin la cual los recursos, tienen poco valor.
En la Crónica de la Provincia de Colchagua de Joaquín Santa Cruz, se lee en la página 86, “Hasta el año 1600 no existían más propiedades que las siguientes:
Primera: La de Cailloa, o sea la que había sido de Juan Gómez, y la que he analizado anteriormente.
Segunda: La de Pedro de Miranda,”legua y media de tierras en sus pueblos, junto al río de Cachapoal (orilla sur) desde un cerro (Copequén) para la cordillera.”
Tercera: Juan Jofré pidió en 1553 “tierras que son, en el valle que hace en medio que corre hacia los Tagua-tagua”. Parece referirse al valle de Malloa o sus cercanías.
Cuarta:El hijo de Jofré, llamado Luis, pidió tierras también en 1575, cerca de Curicó, y que le servían de posada para seguir a sus propiedades hasta el Maule.
Quinta: Don Melchor Jofré del Aguila pidió y obtuvo en 1575 una extensión de tierras a orillas del Tinguiririca y vecina al estero de Pedeg
domingo, 18 de noviembre de 2012
Cailloa
“En la ciudad de la Concepción, a diez é ocho días del mes de Noviembre de mil é quinientos é cincuenta é tres años, ante el muy ilustre señor gobernador don Pedro de Valdivia y ante mí Baltasar de Godoy, escribano de su juzgado, y de los testigos de yuso escriptos, paresció Juan Gómez de Almagro, vecino de la ciudad de Santiago, é dijo que facía é fizo dejación en el señor Gobernador, questá presente, de todos los indios, caciques é principales que tiene cédula de su señoría, en Santiago, y del derecho é acción que a ellos tiene, en cualquier manera y le pertenecen por virtud de las dichas cédulas, para que su señoría haga dellos todo aquello que fuese servido, y lo firmó de su nombre, siendo testigos Hernando de Huelva y Juan de Vera y el capitán Altamirano y Pedro de Valdivia, y lo firmó de su nombre aquí.- Juan Gómez.- Por ante mí.- Baltasar de Godoy, escribano del juzgado, etc.”
sábado, 17 de noviembre de 2012
Propiedad de la tierra
El primer sujeto que recibió una cesión de tierras en la zona en que confluyen los Ríos Tinguiririca y Cachapoal fue el Alguacil Mayor, Juan Gómez de Almagro, encomendero de Topocalma. Esto ocurrió durante los primeros años de la conquista y se desprende del canje de bienes realizado por Gaspar de Orense con Juan Gómez de Almagro, documento citado en la obra de Domingo Amunátegui, Las Encomiendas Indígenas.
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